Me froté las sienes hinchadas de la mucha preocupación y continué pasando las páginas.
Cuando vi que el responsable de esta compañía era Tadeo, un escalofrío me recorrió desde las pantorrillas.
Con manos temblorosas, me serví una taza de agua caliente. Justo cuando me disponía a seguir leyendo, sonó un golpe en la puerta.
Miré a través de la mirilla y era Tadeo.
El hombre entró y comenzó a abrir los paquetes que traía, poniéndose a trabajar en la cocina.
Lo observé en silencio, apoyada en la pue