Caigo en su trampa y no puedo resistirme. No puedo pensar en nada más que en el deseo de terminar con el cosquilleo infernal que siento con cada embestida que él da. Amadeo aún es el único que logra hacer que responda de manera tan salvaje y a la vez tan pasiva. Abandono abatida las fuerzas que me quedan. Una oleada de calor me envuelve por completo y siento la debilidad que este encuentro deja sobre mí.
Él se aparta lentamente, parece abrumado cuando se va al baño. Me doy vuelta y miro mi reloj