Capítulo 56: Aunque no lo desees.
Marina invitó a pasar a Stéfano Rinaldi y, al hacerlo, notó el frasco de pastillas que había dejado descuidadamente sobre la mesa.
Se sintió culpable por su dependencia, así que, apresuradamente, lo tomó en sus manos, su mirada nerviosa buscando dónde guardarlo.
—¿Gustas algo de beber? —le dijo con amabilidad nerviosa, mientras sus ojos seguían buscando, finalmente, viendo un mueble cercano.
—Un café estaría bien.
—¡Claro! ¡Tengo café! —exclamó Marina tratando de desviar la atención de