Kathia estaba por quitarse el sostén, cuando…
—¡Ah! —soltó un gritito, cuando ese hombre se movió en segundos y con gran facilidad, nuevamente tumbándola en la cama boca arriba. Sus manos atraparon las muñecas de Kathia, inmovilizándola contra el colchón.
—Te lo advertí, hermosa. Jugar conmigo puede ser peligroso —sonrió él, viendo a la mujer en ropa interior.
La mirada de Kathia lo recorrió, desde sus ojos grises cautivantes, hasta la erección visible en su boxer. Ella apartó la mirada en