Capítulo 26
Sentía las manos heladas sobre el volante.
Apenas me atrevía a respirar. Cada vez que levantaba la vista hacia el retrovisor encontraba los ojos de Paul observándome con una malicia que me aterraba.
—No me hagas daño, por favor. —Mi voz salió temblorosa mientras intentaba mantener el automóvil en el carril.
Las manos me sudaban tanto que apenas podía sujetar el volante. Sentía el corazón golpeándome el pecho y mi única preocupación era salir con vida de aquella situación.
—Solo dime