Capítulo 32
Lucía no soltó mi rostro.
Esperó a que dejara de llorar antes de limpiar con cuidado las lágrimas que seguían bajando por mis mejillas. Su mirada era firme. La conocía lo suficiente para saber que ya estaba buscando una solución.
Yo respiraba con dificultad.
No podía apartar la vista del vestido. Las enormes manchas de vino parecían recordarme una y otra vez que ni siquiera el día de mi boda podía estar libre de problemas.
—Mírame, Catalina. —Su voz sonó mucho más suave.
Esperó hast