Capítulo 20
Daniel seguía con la respiración agitada. Sus nudillos estaban enrojecidos por el golpe que le había dado a Carlos y su pecho subía y bajaba. Nunca lo había visto tan alterado.
Yo seguía sosteniendo su brazo, intentando darle un poco de calma.
—¿Qué hacías con ese idiota? —preguntó sin apartar la vista de la puerta.
Su voz sonó dura, pero no era solo rabia. También había dolor. Volver a encontrarse con el hombre que destruyó su antigua relación había removido heridas que nunca cerra