"¡Maldito! ¿Quiénes sois todos vosotros?" preguntó Tristan, pero nadie respondió.
Tristán solo pudo pasar la mano por su rostro, que dolía y le resultaba extremadamente doloroso cuando una navaja le cortó la piel. Una a una, las personas que habían venido a golpearlo se fueron de repente, dejándolo en la acera.
"¡Carajo!" gruñó, sintiéndose resentido.
De repente, la herida en la cara de Tristan comenzó a picarle y a sentir calor; tenía muchas ganas de rascársela, pero aún fluía sangre fresca de