SAMANTHA
La casa estalló
Caí al suelo apretando los ojos, el golpe en mi cabeza no fue lo suficiente fuerte como para desmayarme, pero él pitido en mis oídos resonaba causándome un dolor agudo, fueron segundos en los que sentí mi corazón palpitar a tan velocidad que uno de mis pensamientos vacíos creó una posibilidad de un paro cardíaco. Estaba viva, pero no pude moverme.
Cada segundo se sentía más lento al anterior, como si el mundo entero estuviese en pausa. Llegó un momento en el que no pude