Capítulo 93. Buenos deseos
Marina miró a Gavin ya vuelta un mar de lágrimas.
—No lo sé —dijo con voz estrangulada—. Dios en esto no puedo ser objetiva, no quiero que mi hijo sufra.
—Marina mírame y cálmate —le ordenó Gavin tomando sus manos entre las de él, su gesto era dulce y sus palabras duras—. Debes dejar todo en mis manos, yo me encargaré de ustedes. Sabemos que el tratamiento es el siguiente paso a seguir y lo daremos, porque después no puede haber espacio para el arrepentimiento.
Marina afirmó con la