Capítulo 144. A merced

Marina despertó en la penumbra de una habitación fría, se sentía mareada y su cabeza dolía.

Recordó los eventos acontecidos y quiso gritar, pero su boca estaba seca y su garganta maltratada, solo salió un inarticulado sonido de auxilio.

—Dios mío, ¿dónde estoy? Por favor, no esta pesadilla otra vez.

La puerta de la habitación fue abierta y un rubio entró.

Llevaba un traje un tanto arrugado, su corbata torcida y su cabello algo despeinado, aunque no le quedaba mal. Era muy apuesto y
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