Aquel primer contacto entre los labios de ella y los del príncipe fue cálido, suave y gentil, colmado de una dulzura que saciaba el corazón turbulento de ambos. Los dos habían sufrido demasiado, y aquello era solo un pequeño instante que servia para mitigar la carga de todo ese dolor que muchas veces amenazaba con destruirlos desde su interior.
Damino no demoro demasiado en rodear la cintura de Elaine con sus manos, atrayéndola mas cerca de el, como si cualquier contacto con ella le fuera poco,