Azriel se encontraba muy relajado recostado contra una pared de madera, mientras observaba un potrillo beber la leche de su madre. Miles te pensamientos atañaban su mente, a la vez que una sonrisa eclipsaba sus labios.
Elaine se deslizo con sigilo dentro del establo, procurando no interrumpir aquel momento de reflexión. Sin embargo, una madera crugio bajo su peso y atrajo la mirada del hombre soñador.
—Buenos días, princesa—saludo Azriel con tono apacible—. Hoy te encuentras especialmente bella