— ¡LARGATE Y DEJAME SOLA! — me dijo gritando — déjame sola te lo suplico, no quiero que me veas en este estado, estoy destrozada y hecha añicos.
Comenzó a jalar su cabello y luego sus brazos abrazaron su vientre, al intentar acercarme me lo impidió y pude ver sangre en su ropa además del suelo donde ella yacía.
— ¡DÉJAME SOLA POR UN DEMONIO! — me volvió a repetir — no quiero que me veas así.
— Escúchame Lucía, jure frente al altar que estaría contigo en las buenas y en las malas — le dije llora