Lara
El viaje de regreso a casa fue silencioso. El auto cortaba las calles iluminadas de Omán, pero su mente estaba atrapada en un único pensamiento: estaba casada con un asesino.
El miedo se había instalado en su pecho como un peso sofocante. Cada palabra que Khaled había dicho antes resonaba en su cabeza: "Porque me desobedeció".
La frialdad en su voz, la tranquilidad con que había admitido haber matado no a una, sino a dos esposas, le helaba la sangre.
Apenas notó cuando llegaron. En cuan