56.

Por un momento seguimos viéndonos fijamente a los ojos, esa electricidad que corre entre nuestras miradas, que nos atrapa y nos hace perdernos se apodera de nuevo de nosotros. No puedo evitar verlo fijamente, ver su rostro, sus ojos, sus labios, como su cabello cae por enfrente de su mirada. Suspiro con pesadez y decido evitar su mirada, salgo de la tina y él me ofrece su mano. Salimos ambos del baño y me siento en el borde de la cama mientras camina hacia la ventana

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