El cielo estaba oscureciendose, abriendole paso a la espesa neblina. Abrí la ventana y respiré el aire frío que se coló por ella. Miré el bosque, que estaba oscuro y silencioso, casi transmitiendome paz, esa que en esos momentos necesitaba mas que nunca.
Cerré los ojos y agudice el oido, me gustaba escuchar el sonido de los pájaros cantando o del viento soplar. Pero no paso ni un segundo cuando apareció un sonido diferente, el sonido de las hojas crujiendo.
Frunci el ceño y miré de nuevo a la