Valeria Peña Madrigal
Puerto Vallarta, Jalisco, México
Dex se retiró a su recámara y por alguna razón, yo no quería que se fuera. Me había quedado picada con los deliciosos besos, que nos habíamos dado. Me habían encantado, tanto que, me recosté nuevamente en el sillón de la sala y pasaba mi lengua por mis labios, cómo si de esa manera yo fuera a poder sentir nuevamente, esos besos exquisitos que nos dimos. Dex, tenía lo suyo y nadie, pero nadie me había besado así. Estuve tentada a ponerme de