Capítulo 5

A la mañana siguiente, te levantas a las 6:30 am para arreglarte y asistir al trabajo, llevas casi un mes en Wayne asociados como asistente de Recursos Humanos. No pudiste dormir absolutamente nada después de lo vivido sólo horas atrás , llegaste a casa a las 4:00 am, los dolores que tienes en tu zona íntima aun son intensos y puedes notar que en tu cuello hay rastros de lo vivido.

Te plantas frente al espejo y te maquillas muy poco, sólo para tapar las ojeras y estar mucho mas presentable en la oficina. Tomas medicamentos para la inflamación y el dolor y te vas a tomar el bus.

Llegas a las oficinas y hay gran revuelo, no entiendes porqué todos corren de un lado para el otro. Te encuentras con Carolina, una de tus compañeras de piso.

-Hola! ¿Cómo estás?, me puedes decir qué ocurre, los veo a todos nerviosos - le preguntas

-es que hoy llega el CEO, el señor Wayne y estamos muy alterados ya que es un maniaco del orden y la prolijidad - responde tu compañera.

- Wow, yo no lo he visto nunca, no se cómo luce - dices intrigada.

- Yo sí lo conozco, es joven y guapo… pero lo que tiene de guapo lo tiene de arrogante y de implacable, nadie se atreve a mirarlo - dice con algo de temor en su voz.

Quedas perpleja, como puede el dueño de una empresa de seguridad intimidar tanto a su personal, nunca creíste todo lo que escuchabas en los pasillos, pero al ver el comportamiento de todos, decidiste tratar de nunca toparte con él.

Llegas a tu asiento y al pasar casi medio día tu jefe te llama a la para pedir los contratos de los guardaespaldas que se encargarán del cuidado de una celebridad.

- Lyna, son urgente esos documentos, podrías ¿traérmelos a la sala reuniones del décimo piso?

- Enseguida señor Robert- te apresuras a buscar las carpetas y aproximarte al ascensor. Nunca has estado en la planta 10 del edificio, allí se encuentran las oficinas de los altos ejecutivos de la empresa, nadie osa a ir para allá.

El ascensor se detiene, suspiras nerviosa y sales, para tu sorpresa es un enorme lugar con grandes ventanas y muchas puertas, en casa una se leía el cargo de quien ocupaba dicha oficina, al final del pasillo ves a la secretaria que te lleva hasta la sala de reuniones. Llegas al lugar y ves las dos puertas enormes para ingresar, empujas una con cuidado, PESAN UN MONTÓN, te preguntas a quien se le

Ocurriría la brillante idea de poner esa clase de acceso a una sala de reuniones. Ya dentro ves una larga mesa y al menos 15 ejecutivos sentados, buscas a tu jefe entre todos ellos y te acercas a él para entregarle los documentos.

De pronto, otra de las puertas que queda cerca de ti se abre de par en par y bruscamente, lo que te hace dar un pequeño brinco, ingresan 4 guardaespaldas y detrás de ellos ves a un hombre con una imponente silueta, miras su espalda y su cabello te es algo familiar. Todos inmediatamente se levantan de su asiento, incluido tu jefe, que con mucho respeto , dirías casi con miedo, lo saludan al llegar. Al girar para sentarse , tu quijada cae de la impresión, esos ojos azul profundo, ese cuerpo, esos labios…

- ¡Es él! ¡Es el hombre que anoche robó mi virtud! - piensas mientras tu estomago es un caos de sensaciones.

-Señor Wayne, aquí están los contratos que me solicitó- le dice tu jefe a aquel hombre de ojos azules.

-¿Señor Wayne? Un momento, ES ALEX WAYNE el dueño de esta compañía, hay dios… - dices para tus adentros.

En ese momento se te escapa un quejido de asombro que no logras retener, cuando te das cuenta ya es demasiado tarde. Llevas tu mano a la boca en un torpe intento por callarte, pero es en vano, ya todos se dieron vuelta a mirarte, incluyendo Alex Wayne , que levanta la mirada lentamente para observarte con desprecio, pero al recorrer tu cuerpo con su mirada trata de esconder su cara de asombro, como si te hubiera reconocido.

- Disculpen, yo.. lo siento -sales rápidamente del lugar.

Como puedes llegas a tu escritorio, te sientas y apoyas ambos codos sujetando tu cabeza con nerviosismo, en tu mente no se aleja la idea de que te haya reconocido, pero intentas calmarte y repasar lo que ocurrió la noche anterior.

-Estoy segura que mientras estaba en la ducha no logró verme en lo absoluto - tratas de auto convencerte de que todo estará bien.

Al correr de las horas y a medida que haces tus labores el nerviosismo se te va pasando, tu compañera del cubículo de al lado se asoma para conversar un momento.

-Lyna, has estado muy callada hoy ¿todo bien? Cómo ¿sigue tu hermanita?-Te pregunta Marcia.

-Sí, le están haciendo los exámenes previos a su intervención, y bueno con todo eso tengo la cabeza en otro lado, además que hay mucho trabajo, ¿y tu? - intentas desviar el tema.

-Estoy nerviosa, en una semana más será la fiesta de gala de aniversario de la compañía, me gusta la temática de máscaras de este año- dice Marcia entusiasmada.

-Es cierto, el señor Robert ha trabajado muchísimo en ello, me ha pedido que contacte a unos proveedores, ¡lo habia olvidado! ¡Gracias por recordármelo! - con tanto que hacer te habías olvidado de ello.

Levantas el teléfono para hacer una llamada cuando ves que se abre el ascensor y salen al menos 5 guardaespaldas que caminan hacia tu dirección, te vas a esconder debajo de tu escritorio y haces como si buscaras algo perdido… pronto sientes que los pasos cesan justo delante de tu escritorio, te asomas cual niño asustado afirmada de la orilla apenas asomando tus grandes ojos marrón. Los guardaespaldas rompen filas y ves en medio una esbelta e imponente figura, es Alex Wayne. No quieres encontrarte con sus ojos que te cautivaron inmediatamente al verlos, pero es inevitable, sus miradas se cruzan y él te observa y entrecierra sus ojos mirándote con sospecha.

- El señor Wayne requiere hablar con el señor Robert, hazle saber que está aquí. - habla con firmeza uno de los guardaespaldas.

Te levantas y arreglas tu ropa, pasas por el lado de un guardaespaldas pero eres algo torpe y tropiezas, vas cayendo al piso pero unas poderosas manos te sujetan, tu cerraste los ojos esperando el golpe y la posterior vergüenza, sin embargo estas apoyada en el firme pecho de alguien, parpadeas y miras la corbata, alzas la vista y te encuentras con los penetrantes ojos de Alex.

-¡El señor Alex acaba de salvar a Lyna de una caída! -murmura un trabajador.

- ¡No lo puedo creer! - murmura Marcia.

Ese aroma tan familiar, su cuerpo, todo hace que en ti crezca un deseo incontrolable por él, pero debes controlarte por lo que te alejas de un salto y pides disculpas por tu torpeza.

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