—El placer es mío. Y la verdad me alegro de que estés aquí, así vamos a tener mucho tiempo para conversar.
Theodore se echó adelante en la silla y arrugó el ceño. ¿Cómo era eso?
—¿Mucho tiempo? ¿Qué quieres decir, hijo? —lo interrogó, preocupado, porque sabía que Jacob siempre tenía una segunda ag