Capítulo 52. Entonces ayúdame
Will seguía con la frente apoyada contra la mía.
Los dos respirábamos demasiado rápido.
El aire frío de la noche me rozaba los brazos, pero por dentro seguía ardiendo.
Cleo estaba satisfecha de haber conseguido llevarme hasta él.
No tanto de que hubiéramos parado.
Más.
—Ya.
Will sonrió.
—¿Qué quiere?
—Lo de siempre.
—Mi lobo también.
—Genial. Dos animales sin autocontrol y nosotros pagando las consecuencias.
Su risa me rozó la boca.
Quise volver a besarlo.
Lo hice.
Esta vez más despacio.
Sus la