Capítulo 44. Hermanos sin saberlo
Lucas empezó a evitarme.
No muchísimo.
Lo suficiente.
Ya no se sentaba a mi lado si había otra silla.
No aparecía cinco minutos antes de entrenamiento.
No me empujaba el desayuno cuando llegaba tarde.
Y aquello me molestaba.
—¿Qué te pasa?
Estábamos solos en el gimnasio.
Lucas ajustaba unas pesas.
—Nada.
—Mentira.
—¿Ahora también hueles las mentiras?
—No necesito.
—Estoy bien.
—Lucas.
Siguió moviendo discos.
Me planté delante.
—¿Es por Will?
Eso hizo que parara.
—No.
—Entonces mírame.
Lo hizo.