Capítulo 38. Sin el vínculo no te miraría
Sienna esperó a que estuviéramos solas.
Eso fue lo primero que debería haberme advertido.
Méndez había terminado la clase y todo el mundo se dirigía a duchas o comedor.
Yo guardaba mis vendas.
Sienna seguía sentada sobre un banco.
—Amber.
—¿Qué?
—Puedo darte un consejo.
—Eso normalmente termina mal.
—Lo digo en serio.
Metí las vendas en la mochila.
—Adelante.
Sienna me observó.
No parecía enfadada.
Eso era lo peligroso de ella.
Podía decir cosas horribles con la misma expresión con la que otra