Capítulo 39. No necesito que me defiendas
Will supo que algo ocurría en cuanto me encontró.
Maldita nariz.
—¿Qué pasa?
—Nada.
Seguí caminando.
Había conseguido evitarlo durante casi dos horas.
Todo un récord.
—Amber.
—Tengo clase.
—No tienes clase.
Me detuve.
—¿Cómo sabes siempre mi horario?
—Tenemos muchas asignaturas juntos.
—Qué pesadilla.
Normalmente se habría reído.
No lo hizo.
Se puso delante.
No bloqueándome.
Solo obligándome a decidir entre mirarlo o fingir que estaba fascinada por una papelera.
Elegí la papelera.
—Hueles trist