Capítulo 27. Química de plata
La profesora de Química de Plata empezó la clase dejando una bala sobre la mesa.
No estaba dentro de una caja.
Ni detrás de un cristal.
Una bala.
Plateada.
Brillante.
Todos los estudiantes se quedaron mirando.
Yo también.
Cleo reaccionó.
Mal.
El rechazo me llegó como una punzada en el estómago.
—Sí —murmuré—. A mí tampoco me gusta.
La profesora era una mujer alta, de pelo gris recogido y gafas redondas.
Se llamaba doctora Vaughan.
—Antes de empezar, una aclaración.
Cogió la bala con unas pinzas