A la mañana siguiente, ningún despertador sonó. Era domingo y todo el mundo tenía aquel día de descanso.
En el apartamento del famoso empresario Carter Rogers no se escuchaba nada, excepto las profundas y acompasadas respiraciones dormidas de tres personas.
Los rayos del sol entraban en la habitación, inundándola de una luz cálida.
Un pequeño bebé se removía inquieto, desperezándose y estirando su pequeño cuerpecito, entre otras dos personas que seguían durmiendo ajenas a la actividad que había