—Duerme bien, pequeño —susurró Madison contra el pequeño oído del bebé.
Depositó un pequeño beso en su frente y se dirigió silenciosamente a la puerta. La dejó entre abierta y antes de entrar en su habitación, se fijó que Carter todavía tenía encendida la luz de una de las mesillas.
Suspiró y entró en su habitación para cambiarse. Se quitó los pantalones, colocándose uno blanco y holgado, se puso una camiseta básica de tirantes con la que dormía y volvió a salir de su habitación.
Se quedó inmóv