Se miraron los dos con una sonrisa, contentos de haber solucionado aquel entretejido que los había ido separando poco a poco.
Aquel ambiente encantado y agradable se rompió por los fuertes chillidos histéricos de Susan. Estaba al otro lado de la puerta, exigiendo explicaciones de por qué estaban tardando tanto, que le abrieran la puerta.
Carter y Madison se miraron y pusieron los ojos en blanco, compartiendo el mismo pensamiento hacia la pelirroja.
“Menos mal que he echado el cerrojo”, pensó so