—¡Por Dios, hijo! ¡¿Pero qué nos estás contando?! —preguntaba sorprendida Sophie.
—Lo siento, mamá, pero esa es la verdad… —respondió la voz profunda de Andrew al otro lado del teléfono.
Sophie miró expectante a su marido, como queriendo que le dijera algo a su hijo. Brandon estaba sentado en uno de los sillones del salón de la gran mansión en donde habían vivido desde siempre.
Escuchó con gesto serio todo lo que les había contado Andrew.
Su hijo había llamado antes de la hora de la cena para