Justo en el momento que German chasqueo los dedos, una lluvia de balas se hizo presente en esa habitación.
Lamentablemente y a pesar de la advertencia oportuna de Marcelo, las balas eran de un calibre grueso y estas perforaron las sillas hiriendo a todos los lideres, mientras de fondo se podía escuchar la risa maniaca de aquel que se hacía llamar su rey.
Tras unos minutos los disparos cesaron, donde German miraba con una sonrisa de superioridad los cuerpos de todos los que alguna vez se llamaro