Astrid
Caminaba de regreso a mi habitación con una sonrisa de oreja a oreja después del beso. Me sentía como si flotara, como si mis pies ni siquiera tocaran el suelo. Todo al respecto se sentía surreal, de la mejor manera posible. Esta vez no había tensión, ni vacilación. Ambos lo habíamos querido, y se había sentido… correcto.
Perfecto, incluso.
No me permití analizarlo en exceso. Por una vez, no diseccioné ni dudé ni planeé cinco pasos adelante. Todo en lo que podía pensar era en lo impecabl