Astrid
Me senté en la silla de mi habitación, con los dedos moviéndose rápidamente sobre el teclado mientras líneas de texto llenaban la pantalla. Mi concentración era absoluta y deliberada. Entonces sonó mi teléfono.
El nombre de Rosa parpadeó en la pantalla.
Lo tomé y contesté. No perdió el tiempo en saludos; fue directa al grano. Me dijo que todo iba sobre ruedas, que todos los preparativos para mañana estaban listos. Cada pieza había caído exactamente donde debía. Mis planes avanzaban mejor