CAPÍTULO 46

Me despierto, y me duelen las manos, un recordatorio silencioso de los acontecimientos de la noche anterior. Nickolas me ha quitado la venda de los ojos, pero mis manos siguen atadas a la cabecera, encima de mí. Giro la cabeza hacia el otro lado de la cama, buscando alguna señal de él, pero está vacía.

Una punzada de vacío me invade, aunque no puedo decir que esté com

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Sabrina MenezesAmelia, tus lágrimas me cansan...
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