Andy tenía razón, su silencio es aún más aterrador que su mirada gélida. Luego de salir de la iglesia y escapar de todo el mundo y las cámaras para tener algo de privacidad antes de ir a la recepción donde se llevaría a cabo la fiesta en presencia de nada más que los invitados, era terrible.
—Lo...
—Si te vas a disculpar, ahórrate eso.
—Amelia.
—¿Qué pasó?
Pregunta cruzando sus brazos sobre su pecho, al igual que sus piernas. Su postura junto con su mirada me pone nervioso y me hace dar cuenta