* * * * * * * * Leo * * * * * * * * * *
—Disculpe, señor Leonardo —me habla mi anfitriona personal del Ocean—. ¿Seguimos? —me pregunta como haciendo referencia a si seguimos caminando para tomar la mesa que siempre ocupaba.
—Sí, ya seguimos —le respondo sonriente sin dejar de observar a la mujer por la que habían hecho ese brindis tan peculiar.
«Me pregunto si yo terminaré igual», preciso en mi mente.
«Divorciado y con Max haciendo un brindis por mí en medio de un restaurant», puntualizo, en si