Punto de vista de Talia
Desperté en la oscuridad. Intenté sentarme, pero las muñecas y los tobillos me ardían al menor movimiento. Un dolor agudo me recorrió los brazos y las piernas, uno que reconocí de inmediato. Estaba sujeta con cadenas de plata.
Me palpitaba la cabeza. Al mirar a mi alrededor, me encontraba sentada en el suelo mugriento de una celda. ¿Cómo demonios había llegado hasta aquí?
Cerré los ojos y busqué en mi interior. Llamé a mi loba; la necesitaba con desesperación en ese prec