Punto de vista de Nolan
Mis manos se deslizaron por las curvas de su cuerpo y le acaricié los senos, arrancándole un jadeo. Le mordisqueé el cuello y ella se arqueó contra mí.
«Esto es lo que se supone que debemos hacer. No lo niegues», gruñó mi lobo.
Talia se aferró a mí y profundizó el beso. Ya tenía una pierna enroscada alrededor de mi cintura. Le succioné el cuello mientras me restregaba contra ella.
—Márcame. Por favor, márcame —suplicó.
Por un breve instante, casi le hice caso. Bastaría c