Avancé hasta el coche y toqué su ventanilla. Nate estaba despertando así que bajó el vidrio.
—Buenos días, ¿cómo dormiste? —quise saber en tono de burla. Se ve que durmió demasiado incómodo y mal. Se lo merece.
—Más o menos —respondió, sobándose el cuello. —¿Tu?
—Perfectamente. Ten, algo de café, luego te puedes ir.
Nate tomó sorbos de café, hacia frío acá afuera así que el café le cayó muy bien.
—Gracias, lo necesitaba.
—Cuando termines dejas la taza en la entrada, tengo que hacer desayuno