NATANAEL DÍAZ
Me detuve a pensar cómo actuar ante tales palabras tan repugnantes. En primer lugar no me gustaba que hablaran mal de mi esposa y en segundo, ¿Por qué esas personas se tomarían el tiempo para afirmar semejantes cosas?
Luego de unos segundos de meditación abrí la puerta para encontrarme con las caras sorprendidas de los tipos.
—Señor Díaz— se levantó uno de ellos, enseguida el otro también. Como todo buen caballero que soy, salude sin mostrarle ninguna expresión de asombro o nervio