LAURA JENNER
—Nate, por favor, vuelve pronto a casa. Te estoy esperando—, le dije y le envié el mensaje de voz. Colgué el teléfono y me levanté. Ya son las seis, puede que llegue a las siete. Debería prepararme.
Ha pasado una semana desde que Nate me propuso matrimonio y me quedé mirándole con la boca abierta, en estado de shock. No le dije que no, ni siquiera que sí. Recordé aquella noche.
Me quedé mirándole estupefacta. Me quedé con la boca abierta y mis ojos se abrieron de par en par. Mi mir