El punto de vista de Gabriela
Puedo oír voces y eso me hizo mover la cabeza antes de abrir los ojos y quedar expuesta a la luz del techo. Me cubro los ojos y entonces noto el fino tubo en el dorso de mi mano.
Mi visión se ajustó a la luz y, cuando me giré hacia mi derecha, vi a mi madre hablando con el médico. Sus ojos se iluminaron cuando se encontró con mi mirada y corrió hacia mí llena de alegría.
«¡Gabriella, gracias a Dios!».
Tragué saliva. «¿Cómo está Alejandro? ¿Cómo está mi bebé?». Eso