Keira
Es verdad. Estoy esperando que sea él quien dé el paso correcto y no lo hará porque me ama. La de las dudas soy yo. La que miente soy yo.
—No puedo seguir con esto, Rob. No puedo fingir más —musito desalentada. Llegó la hora de ser honesta.
—¿Fingir qué? —Se levanta del sofá con rudeza.
—N-no te amo. Lo he intentado, pero no puedo hacerlo —confieso al fin, sintiendo como el nudo que apresaba mi pecho se desata. Es liberador.
—¡Maldita sea! —grita, pateando la mesa de centro. Tiemblo—