—Ivy, lleva a la señora al auto —ordenó Zayden.
—Sí, Señor. Por aquí, Señora —indicó Ivy.
Olivia obedeció y se retiró del lugar acompañada por Ivy, dejando a Zayden y a Aland a solas.
Zayden se aproximó a Aland con una mirada cargada de frialdad y advertencia.
—Esta es mi última advertencia, Aland Banning. ¡No te vuelvas a acercar a Olivia ni a buscarla jamás! —sentenció con voz firme.
Aland le sostuvo la mirada defiantemente.
—Está usted demasiado confiado si cree que Olivia se quedará a su la