Capítulo XXXIV

La sensación de humedad hace que me remueva constantemente, hasta que finalmente abre los ojos encontrándome con una imagen memorable. Eizan se encontraba frente a mí con el cabello húmedo, al parecer acababa de salir de la ducha.

Me lanza la toalla logrando sobresaltarse y aún más cuando lo contemplo sin prenda alguna. El rubor en mis mejillas se extiende pero no precisamente por timidez o algo que se le asemeje.

— Ambos podemos jugar la misma carta caperucita.— Su voz logra ser como el canto
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