Un doloroso sacrificio graba con fuego, una decisión inalterable.
—Señorita Richmond, el hecho de que usted haya irrumpido en una reunión Real sin previa autorización, es una falta muy grande y es algo intolerable —le reclamó el Rey, aunque en su interior estaba muy sorprendido por las palabras de Alondra. Sin embargo, no pudo evitar preguntarle:
—¿De verdad usted está dispuesta a sacrificar su amor por el Príncipe heredero, para que él no sea destronado por el Gran parlamento, cuando su romance salga a la luz?
—Si, Su Majestad... Yo… yo sé que haber comenza