67. No es día de regalar flores.
Eva se quedó un rato más con las pruebas esparcidas sobre la cama, su mirada era fija, ella misma parecía haberse convertido en una muñeca de cera, se sentía congelada, muerta por dentro, con un frío que solo podría ser alejado con la calidez del mismo hombre que la había sumido en esa miseria.
¿Qué haría? ¿Qué le diría cuando lo tuviera enfrente?
Estaba claro que lo amaba a pesar de haber roto su corazón. Le amaba y era por ese amor que no sabía qué hacer… un grito que parecía querer salir de