33. Tranquilízate cariño.
A Jeremy le habría gustado darle la mano a su esposa, sostenerla y decirle sin necesidad de hablar que todo estaba bien, pero cargando como estaban a los bebés, no era posible, así que simplemente espero a que ella confirmara y siguió a sus padres para entrar dentro del restaurante dejando que los guiaran hasta el salón reservado para la ocasión.
Eva caminaba al lado de su esposo, con una sonrisa orgullosa de ir acompañado de ese hombre, de la familia que había formado con él y de la felicidad