Karen estaba despierta aún cuándo entró Gordon.
— Hola querida, ¿Cómo te sientes? ¿Me extrañaste?— dijo con voz irónica.
— ¡Eres un desgraciado Gordon! ¿Cómo crees que me siento? ¡Si me tienes hacinada entre estás cuatro paredes!— le gritó ella .
— ¡Ay estás enojada!— siguió Gordon irónico.
— ¡Redomado idiota!— exclamó ella.
Él continuó con las ironías y dijo:
— Te tengo dos noticias querida Karen, una mala y la otra buena, ¿Cuál deseas escuchar?
Ella se alzó de hombros restándole importancia a