Capítulo 33. La isla de la fantasía.
Maddox se quedó muy quieto, miraba a la humana con claras advertencias. Ella estaba inmóvil, aunque temblaba. Lloraba en silencio manteniendo un rostro de angustia.
—Ella sabe de nosotros. No dirá nada —expuso Tanner en susurros, con la cabeza gacha. También temblando de miedo.
—¿Cómo sabes que no dirá nada? —exigió Maddox, sin perder de vista a ninguna de sus dos presas.
—No solo es mi mujer. Es mi predestinada. No tengo secretos con ella.
—¿Tu predestinada? —preguntó confuso.
Había escuchado