34. Este alfa si muerde

Sofía sintió un cosquilleo en el estómago ante sus palabras, y no pudo evitar sonreír. —Quizás más tarde, alfa. No quiero que los niños piensen que andamos haciendo cosas indebidas.

Él soltó una carcajada profunda y la llevó hacia un parque cercano, alejándose de las miradas curiosas. A medida que se adentraban en un camino rodeado de árboles, el sonido del agua les llegó, indicando que se acercaban a la cascada.

El lugar era mágico, con la luz del sol filtrándose entre las hojas de los árboles
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